jueves, 31 de enero de 2013

          Mi padre, que nació en 1918, cuando éramos pequeños mis hermanos y yo, en las largas tardes de domingo (no teníamos TV), nos hacía sombras chinescas, nos "contaba" películas que "proyectaba" usando papel aceitado, miga de pan y su manos, nos recitaba versos, nos contaba anécdotas, historias...
                  Uno de esos cuentecillos me hizo reflexionar profundamente y pese a mi corta edad, tendría yo unos once o doce años, marcó mi pensamiento, digamos social y quizá político. El cuentecillo decía así:
               
            Un barrendero que trabajaba en la ciudad de Valencia, todas las madrugadas, a las cinco de la mañana, cuando se encontraba con sus compañeros en el almacén donde se cambiaban su ropa de calle por el uniforme y cogían sus herramientas de trabajo, decía a sus compañeros:
                     - El día que ganen los míos barrerán los amos.
               Y así, un día tras otro, invariablemente como una salmodia "El día que ganen los míos barrerán los amos"
                  Pues bien, ocurrió que llegó el día en el que ganaron los suyos.
            Y ese día, a las cinco de la madrugada, como todos los días, estaba en el almacén poníendose su uniforme de barrendero cuando le dijo un compañero de trabajo:

       - ¿No decías que el día que ganasen los tuyos barrerían los amos?
        
       - Efectivamente -respondió él al compañero-  Hoy, barrerán los amos.
          
 

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