viernes, 27 de abril de 2018

ELLA me dijo...

Me dijo ella:
     Conseguir el billete de tren fue toda una odisea. Casi una misión imposible de espionaje.  Nadie debía saber que lo tenía. Y nadie debía saber que me iba, que abandonaba a mi marido. Era la época de la dictadura y los maridos tenían todos los derechos sobre sus mujeres. De hecho, ponían una denuncia por abandono de hogar y la guardia civil nos buscaba y detenía como si fuésemos delincuentes.
     Antes de coger el tren fui a casa de mis padres y les dije que me iba, que abandonaba a mi marido, que no se preocupasen por mí que les haría llegar noticias. Mi madre me preguntó: ¿Quién es él? -  ¡Cómo! -le dije yo - Que ¿con quién te vas? - Con nadie. Me voy sola. No hay nadie más - Entonces ¿por qué te vas? - No lo aguanto más mamá. No aguanto más que me mienta. No aguanto más que me use de confidente de sus veleidades amatorias con otras. 
     "Me hacía sentir menos que nada y yo entonces sólo tenía veinticinco años" me dijo ella mientras se adentraba en la niebla.


miércoles, 25 de abril de 2018

ELLA me dijo...

Me dijo ella: 
    Las decisiones que tomé dirigieron mi vida. 
    Mi padre me dijo: "Yo te acompaño y no hace falta que digas nada. Yo hablaré"
    Mientras esperábamos en el paso a nivel que pasase el tren, me sentí cobarde para enfrentarme a lo que me esperaba.Y cuando levantaron las barreras le dije: "Vámonos a casa papá" "¿Estás segura hija? Sí papá, vámonos. Cómo tu quieras cariño.
    A los dos días me casé por la iglesia. Mientras el cura me preguntaba: "Aceptas a bla, bla, bla, cómo legítimo esposo y bla, bla, bla...", yo pensaba "Vete, es tu última oportunidad. Lo que ahora atas con un sí es dificilísimo de desatar. No existe el divorcio"
   Volvió a aflorar mi cobardía y me tragué las ganas de hacer lo que verdaderamente quería hacer "escapar"
  "Era, fui y soy cobarde" me dijo mientras desaparecía en la niebla.
  

domingo, 15 de abril de 2018

ELLA me dijo...

Me dijo ella: 
         Mi vida no es lo que parece. Mi vida es como una maratón. A medida que transcurre la carrera se va diluyendo el tiempo, me voy cansando, pero al contrario que un corredor, yo, no deseo llegar a la meta.
         Mi vida no es lo que parece. Yo me he ocupado con mimo, aunque a veces con poco acierto, que lo que pienso y siento, lo que he vivido y me ha hecho daño, no se sepa. 
        Mi vida no es lo que parece. Hoy en día, ahora mismo, en los días que sé y siento que falta poco para llegar a meta, me siento triste porque echando la vista atrás me recuerdo pensando siempre: "cuando él no esté en mi vida, haré lo que quiera y por fin seré libre"
       Mi vida no es lo que parece. Me sé vigilada, controlada, juzgada, sojuzgada. Me siento como un robot de compañía que además cocina y limpia.
      Mi vida no es lo que parece. Soy dos yo. El exterior, sonriente, dócil, que procura complacer, y aunque a veces no lo consiga, no demostrar sentimiento real alguno.  El otro yo, el real, sufre, calla, desea gritar, ser libre, y se siente mal por ello. Pienso que no tengo derecho a quejarme por nada. Las personas que quiero no han muerto bajo las bombas ni torturadas en cárceles de injusticia y horror. No he tenido que abandonar mi casa y huir de mi país. No se me ha muerto ningún hijo o hija en mis brazos por hambre. No he tenido que viajar en patera. No vivo en un campo de refugiados.
      En fin, soy así de contradictoria, me dijo mientras desaparecía bajo la niebla.