miércoles, 23 de mayo de 2018

HOLA, MARÍA


María, siento que hayas tenido que vivir eso. Yo también he vivido la desvergüenza de las mujeres, en mis carnes como maestra, y de otra manera más personal en un divorcio que ni te cuento. Por eso es por lo que digo que nada de día internacional de la mujer. Es necesario que las buenas y las malas personas lo sean sin sexo y que quien la haga la pague sea hombre o mujer. Los hombres han hecho las leyes con su mala conciencia hacia las mujeres. Es como si pusieran una vela a Dios y otra al diablo. Estoy cansada a lo largo de mi vida de que me o me llamen marimacho o me traten como un trozo de carne con ojos. Yo quiero que seamos personas y que las leyes sean igual para todos y que la sociedad, que tiene sus propias leyes, ni nos use como reclamo sexual, como obligada cocinera, limpiadora, cuidadora...Que cada mujer pueda elegir su destino sin buscar un marido nutritivo que luego pasa lo que me has contado. Estor harta del cuento de la Cenicienta. Las mujeres somos princesas hasta que nos casamos, a partir de ahí somos Cenicientas. Ya está bien de chistes y parodias sobre si nos duele la cabeza cuando no queremos sexo, si somos la abuela ridícula de José Mota o de los Morancos, la maruja que aterra al pobrecito hombre o la modelo que se desnuda para promocionar un coche en la tele, o la sin cerebro de me quiero casar o cualquier porquería de programa. Necesitamos estudiar, un oficio o una carrera, ser independientes económicamente, no necesitar a nadie para mantenernos y cuando eso pase que no nos paguen menos que a un hombre. Que elijamos con quien vivir libremente y si queremos que nos metan mano bien y sino que se la froten contra la toza de un pino. Que si tenemos hijos sea porque queremos y que no nos despidan del trabajo por eso. Que si queremos disfrutar del permiso de maternidad completo que no digan que estamos de vacaciones, que si lo compartimos con nuestro hombre que no digan que es un calzonazos... Y más y más y más... Perdona mi rollo pero estoy muy quemada con este tema. El día a día de una mujer puede ser un calvario aunque nadie le pegue una bofetada porque puede ser el alma de su casa, trabajar como una mula desvivirse por todos y su hombre acordarse de ella sólo cuando quiere echar un polvo. Y si ella se niega por cansancio o porque necesita hablar, compartir confidencias y después ya se verá, a él sólo se le ocurre decir que esas caricias y ternuras le parecen falsas. O si es una creyente y practicante, prohibirle confesarse porque qué tiene ella que contarle al cura de él y más y más y más... Perdona el rollo y un abrazo fortísimo y muuuchos besos de esta amiga tuya incondicional.
Gracias por tu amistad María.

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