Fue una experiencia única, magnífica. La vida desbordaba por cada uno de sus poros
llenando la clase de ganas de vivir a tope, de ganas de ser escuchados. respetados,
queridos. De amar, de follar hasta la locura. de sorber gota a gota la vida. De libar cada
instante del tiempo presente sin importar nada. Conseguían vaciarse de amarguras,
rencores, rabias, incomprensiones... Y por fin, exhaustos, callaban. Y yo... rejuvenecía.
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