Era cierto, se sentía la última mierda del
mundo. Era una de esas tantas personas anodinas, sin suerte a las que la vida
le había concedido el don de la inteligencia pero nada más. ¿Para qué quería
tanta inteligencia sin suerte? Dicen que la suerte se la busca uno ¡Ja! Las
oportunidades cuando llegan como uno no sea un sinvergüenza arribista capaz de
pisar cabezas y cortar cuellos se esfuman y no le visita la suerte. No se puede
ir por la vida siendo una persona íntegra ¡debes parecerlo! pero como se sea de
verdad uno se ve en el fondo del pozo de la mierda que le arrojan los demás. Te
van a pisotear y te vas a dar cuenta de ello porque eres inteligente y sigues
creyendo en los principios: la honestidad, la rectitud, la nobleza ¡qué bien
queda todo esto en una novela! ¡Qué mierda! Sólo consiguen lo que quieren los
desalmados y los adinerados, sinvergüenzas sin principios, pero que saben
aparentar ser limpios de corazón y puros de alma.
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